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El tejido que nos envuelve: «LA FASCIA».

¿Qué es el tejido fascial?

Para comenzar a hablar de fascia lo principal es conocer qué es. De forma sencilla podemos entender el término fascia como unas bandas de tejido conectivo que se encargan de separar y “empaquetar” a los diferentes tejidos, estructuras y órganos del cuerpo; sin embargo, esta definición se queda escasa ya que el sistema fascial es algo más complejo.

Se puede denominar al sistema fascial como un tejido tridimensional formado por tejido conjuntivo, que contiene fibras de colágeno y elastina las cuales proporcionan viscoelasticidad a los tejidos de manera que permite a todo el sistema corporal trabajar de una manera integrada.

(Imagen 1: red tridimensional de tejido fascial que proporciona el medio de unión entre las estructuras).

¿De qué se compone el tejido fascial?

El tejido conectivo a nivel microscópico está formado por células, entre las cuales destacamos los fibroblastos y fasciocitos; y la matriz extracelular. La matriz extracelular (MEC) informa del medio extra e intracelular a través de sus elementos.

La matriz extracelular se compone de:

  • Sustancia fundamental
  • Colágeno
  • Elastina

Como elemento muy importante destacamos la sustancia fundamental, ya que es la que permite la adecuada viscoelasticidad del tejido fascial.

La sustancia fundamental se compone de glicosaminoglicanos y de agua. Los glicosaminoglicanos forman agregados y se unen a una proteína central (ácido hialurónico) formando los denominados proteoglicanos. Éstos van a permitir la correcta movilidad entre las fibras de colágeno, lubricando el tejido conectivo.

¿Cómo se produce la movilidad y lubricación de las fibras de colágeno?

Los proteoglicanos son cadenas libres que tienen covalencia negativa, es decir, terminan en polo negativo (-), lo que atrae a las cargas positivas (+) y por tanto al agua. Esta unión del agua con los proteoglicanos va a permitir la viscoelasticidad de las fibras de colágeno.

Esta afinidad por el agua nos indica que lo primordial es que el tejido esté bien hidratado. Existen diferentes formas de que un tejido no lo esté:

  • Déficit de agua, si no existe suficientes moléculas de H2O aunque haya cantidad de proteoglicanos.
  • Exceso de colágeno. Cuando sometemos al cuerpo a un estímulo mecánico repetitivo se produce un aumento de las fibras de colágeno y disminuyen las de ácido hialurónico, por tanto los glicosaminoglicanos no pueden formar proteoglicanos. Aunque haya agua, no hay suficientes proteoglicanos.
  • Acidosis metabólica. Existe más cantidad de sustancias que tienen carga positiva, éstas se adhieren a los proteoglicanos, en lugar de que se adhieran las moléculas de agua.

                (Imagen 2: estructura trabecular de tejido fascial bien hidratado).

¿Cómo se mantiene la correcta lubricación del tejido conectivo?

Lo principal es el aporte externo de agua, sin embargo no hay que ponerse a beber agua como locos. Cada persona tiene una capacidad para que su cuerpo capte agua. Para ello sólo tenemos que escuchar a nuestro cuerpo y beber cuando tengamos sed.

La sed es un mecanismo que permite al cuerpo regular la correcta hidratación. Esto se produce a través del sistema de renina – angiotensina – aldosterona (RAAS) el cual detecta una cantidad excesiva de solutos (osmoralidad) e induce al individuo a beber agua. Cuando estamos correctamente hidratados se inhiben los núcleos del cerebro y se deja enviar la señal de sed.

¿Qué realiza el eje renina-angiotensina-aldosterona?

El eje renina-angiotensina- aldosterona es un sistema ancestral, desarrollado cuando los seres pasaron de acuáticos a terrestres como objetivo de retener cierta cantidad de agua en forma de distintos fluidos para la correcta nutrición de nuestro organismo. Por lo tanto, es un mecanismo fundamental para la supervivencia.

La angiotensina II es el principal regulador de este sistema. Cuando el organismo está deshidratado se activa realizando distintas funciones en el organismo con el objetivo de retener agua.

Por una parte, en el riñón aumenta la vasoconstricción renal y disminuye el filtrado glomerular haciendo que la orina esté más concentrada. También se liberan prostaglandinas, sustancias que tienen mayor afinidad por el agua, aumentando así la captación de H2O del organismo. Además, el adipocito aumenta su tamaño con el objetivo de retener energía.

¿Cómo se ve afectado el tejido fascial?

Como vimos en el post de la resistencia a la insulina, cuando el adipocito aumenta su tamaño libera sustancias inflamatorias (citoquinas). Estas citoquinas inducen el factor de crecimiento de fibroblastos. Los fibroblastos son las células que componen la fascia, si existe mucha cantidad de estas células se produce fibrosis.

(Imagen 3: imagen microscópica fibroblastos).

La liberación de citoquinas también estimula la producción del colágeno. Como hemos comentado con anterioridad es necesario buena movilidad entre las fibras de colágeno, si existen muchas de ellas los proteoglicanos se quedan insuficientes.

Por otra parte, la excesiva producción de colágeno afecta a otras de las células que componen la fascia: los fasciocitos. Estos inducen la producción de ácido hialurónico, si existe demasiado la matriz extracelular cambia y se vuelve más rígida.

Con la fibrosis, la pérdida de movimiento de las fibras colágenas y la rigidez de la matriz extracelular se dan cambios en la viscoelasticidad del tejido fascial. Por tanto, se disminuye la capacidad de deformación y deslizamiento de la fascia.

(Imagen 5: ejemplo visual del sistema fascial superficial en región escápulo-torácica).

Si a estos mecanismos de compensación del sistema RAAS, le añadimos un estímulo repetitivo como puede ser la misma actividad física practicada de forma intensa, un puesto de trabajo que nos haga mover continuamente el brazo en una misma dirección o simplemente un estrés mantenido a lo largo del tiempo, favoreceremos la rigidez del tejido fascial.

Esta rigidez provoca la falta de movilidad de otras estructuras lo que lleva a un mayor número de lesiones en el tejido musculoesquelético.

¿Qué podemos mantener para tener un correcto sistema fascial?

Si presentas dolores en el tejido musculoesquelético probablemente sea necesario que recuperes la viscoelasticidad del sistema fascial. Para ello los fisioterapeutas disponemos de diversas herramientas de tratamiento que permiten reconstituirlo. Entre estas herramientas cabe destacar la inducción o liberación miofascial.

La inducción miofascial (MIT®) se basa en aplicar un estímulo mecánico suave (tracción y/o compresión) en el tejido afectado y de manera controlada con el objetivo de producir cambios en la estructura de la fascia. Se denomina “inducción” a la facilitación del movimiento una vez se produce un estiramiento pasivo de la fascia.

(Imagen 6: técnica de inducción miofascial en región toraco-lumbar)

Terapia fascial directa: estas técnicas se basan en ejercer una presión directa y con una direccionalidad en concreto que genera una transmisión del estímulo a capas fasciales más profundas, generando una mecano-transducción sobre el tejido que se encuentra pretensado y poder así conseguir un cambio en el entorno celular que varié la producción de fibroblastos, la disposición de las fibras de colágeno y la lubricación a través del ácido hialurónico.

(Imagen 7: técnica fascial directa sobre centro frénico).

Estas técnicas provocan una reacción bioquímica en nuestro organismo. El tejido conjuntivo presenta unas proteínas, las integrinas, que transforman este estímulo mecánico en un estímulo químico; incidiendo en el ambiente de la matriz extracelular, remodelando su calidad y permitiendo una mejor transferencia de información hacia y dentro del sistema fascial.

Además de la ayuda de tu fisioterapeuta a través de las diferentes técnicas fasciales, puedes ayudar a tu fascia a través de diversos cambios en tus hábitos de vida.

Por ejemplo, bebiendo agua cuando se tenga sed y restaurando el RAAS.  Evitando sustancias que acidifiquen el medio interno como bebidas azucaradas, alimentos procesados, alimentos con mucha azúcar o grasa (aumentaremos el tamaño del adipocito). Realizando ejercicio físico de forma moderada (se considera un estímulo mecánico controlado). Y no te olvides de lo fundamental, reduciendo el nivel de estrés.

Recuerda que el equipo de QUIRÓS-FISIO puede ayudarte a equilibrar tu sistema fascial, pero sobre todo… ¡tu salud!.

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  • https://tupimek.com/induccion